Nosotros
Hay relaciones entre dos personas en las que el problema se define claramente. Quien acusa está seguro del error del otro, puede indicarlo con toda facilidad. Los oyentes de las quejas acuerdan, el problema está allí, eso es lo que se debe modificar.
Si acompañan el caso de la pareja en cuestión, probablemente pueda tomar varios cursos. Planteos, cambios, decisiones. El camino que vengo a plantearles esta vez es aquel en que, a pesar de haber definido ya el inconveniente, a pesar de la conciencia plena de lo que no está funcionando, la pareja se mantiene inmune a las intervenciones, a salvo de cualquier modificación, resguardada por una impenetrable muralla a su alrededor.
Cuando es tan clara la queja hacia el otro, ¿Qué es lo que hace que quien se queja del problema, tolere la situación y la mantenga? Como en un contrato implícito firmado entre ambos, cada cual parece cumplir con lo estipulado. ¿Qué se le juega a la parte aparentemente menos conflictiva y más funcional de la pareja?
Florencia se queja de que Sebastián es un inmaduro. “Estoy cansada de que priorice las salidas con sus amigos. No tiene límites, toma y fuma mucho. Constantemente le digo que tiene que dejar esa vida y sentar cabeza. No sabe organizarse, siempre lo ayudo a estudiar, le explico que tiene que aprender a administrar mejor sus horarios.”
¿Qué es lo que Florencia le brinda a Sebastián? Y, mejor aún, ¿Se les ocurre qué es lo que Sebastián puede estar brindándole a ella? Él cuenta con una fiel seguidora, alguien que lo limita, lo organiza, le plantea lo que debe y no debe hacer. ¿Se imaginan lo necesitada que hace sentir a Florencia? Gracias a él ella resulta imprescindible, útil, se asegura el ser querida mediante el ser necesitada.
Mariano está agotado de las continuas peleas con Cecilia. “Vive pendiente de lo que hago, cree que la voy a engañar, desconfía de mí en todo momento. Siempre tiene que saber a dónde voy y con quien. Me siento ahogado.”
Sin embargo, la relación entre Mariano y Cecilia se mantiene. Volvemos al ejercicio del ejemplo anterior. Cecilia parece ser una novia celotípica, su necesidad de controlar a Mariano es cada vez mayor. ¿Qué significará para él ser el centro de la vida de ella? ¿Le brindará seguridad saber que su novia estará siempre pendiente de él, y no sólo eso, sino que se lo hará saber? Posiblemente Mariano esté adquiriendo a cada instante crecientes muestras del interés –desmedido- de quien está a su lado.
Carla insiste en que Nicolás no comparte con ella proyectos. “Es muy pasivo, suelo ser yo quien toma la iniciativa. Nunca propone actividades ni salidas, y siempre soy yo la que resuelve los problemas y toma las decisiones.”
¿Cuál estará siendo el complemento a la pasividad de Nicolás? ¿Toleraría Carla no jugar un rol tan activo en su pareja? ¿Acaso estar con alguien pasivo e indeciso no refuerza su identidad anclada en el accionar, solucionar, movilizar?
Como suelo advertirles, los ejemplos nunca son recetas. Nunca son fórmulas ciertas. En cada pareja existirán diversas significaciones que se juegan para ambos, diferentes de una pareja a otra. Los invito esta vez a focalizar en quien, a simple vista, no forma parte del problema, sino que es quien hace acuse del mismo. El mantenimiento de la situación requiere que ambos estén siendo beneficiados de alguna manera por el vínculo, aunque no sean concientes del beneficio que extraen. Así se forma el nosotros.
¿Se animan a ir más allá, en un nivel más profundo, que atañe a todas las relaciones entre dos?
Uno de los personajes de la novela de Irvin Yalom, hace referencia a uno de los significados que podemos llegar a asignarle a nuestra pareja, en relación con nuestra capacidad de vivir con nosotros mismos.
“…Una relación matrimonial ideal sólo existe cuando no es necesaria para la supervivencia de los cónyuges. (…) Para poder tener una relación con otra persona, uno debe tener una relación consigo mismo. Si no somos capaces de abrazar nuestra propia soledad, utilizaremos al otro como escudo contra nuestra soledad. Sólo cuando es posible vivir como el águila, sin público, se puede amar a otra persona; sólo entonces puede importarle a uno que la otra persona crezca”.
Irvin D. Yalom, El día que Nietzsche lloró, Editorial Grupo Planeta, página 407.
¿Se animan entonces a derribar la muralla que los resguarda? ¿A trazar nuevos puentes?