¡Stop!
¿Cuándo nos retiramos? ¿De qué nos retiramos? ¿Por cuánto tiempo?
Imaginen a qué acciones pueden colocar en el marco de la retirada. Dormir es la retirada por excelencia. Callar, parar, descansar, la quietud, la soledad. Podemos retirarnos de actividades, lugares, situaciones. Retirarnos es el complemento de contactarnos. Una vez lograda la satisfacción de nuestra necesidad, nos retiramos y descansamos. Es el ritmo natural de la vida. Despertar, accionar, y luego dormir. Hablar y luego callar. Compartir con los demás, y luego estar solos.
Culturalmente hemos construido un prejuicio contra ese ritmo natural. Vemos con mayor simpatía al sociable que al solitario, al activo que al sereno. Gana la productividad frente al desgano. La certeza siempre es preferible a la confusión, la decisión a la duda!
¿Han pensado alguna vez si respetan el ritmo vital? A veces no sabemos claramente cuándo retirarnos. A veces nos retiramos demasiado pronto, y no permitimos que se establezca un buen contacto. Otras veces tardamos tanto en retirarnos que el contacto se hace extenso, difuso. Es el caso de quien queda aferrado en el contacto con el objeto que satisface su necesidad. No sabe si es tiempo de retirarse, si ha recibido lo suficiente o si debe permanecer un rato más.
Le es difícil identificar el momento preciso de su salida. Esto se juega en quien padece de insomnio. No puede retirarse del mundo conciente para descansar. O quien evita quedarse solo, en silencio, y busca constantemente compañía. Quien en todo momento permanece “enchufado”, entre celular, televisión y computadora. Quien va a toda velocidad, y no puede parar. ¡Que difuso se hace el contacto entonces!
Puede no registrar las sensaciones de cansancio, fatiga y agotamiento de su cuerpo. Está confundido. Suelen ser entonces los síntomas físicos los que terminan expresando la necesidad de parar.
El prejuicio y la dificultad para retirarnos, así como el miedo a parar, a dormir, a la soledad, al silencio, suelen vincularse con el miedo al detener último, a la muerte. Cada retirada implica una muerte del momento que fue. La continua renovación del momento presente, el cambio, sólo puede ser recibido si se da fin, muerte, al anterior.
Al quedarnos pegados a una situación, y evitar su finalización, evitamos sensaciones que nos movilizan (porque nos traen algo de nosotros).
“Uno de los objetivos que la experiencia terapéutica persigue es la apertura a la variedad de ritmos que hay en nuestras vidas. Nos pone frente a la riqueza del silencio y a la necesidad de reposo. Cuando un paciente calla y se siente ansioso, lo estimulo a prestar atención a la cualidad y las sensaciones de ese andar allí sin palabras. Las palabras llenan la laguna de la ansiedad, ésta plantea cuestiones específicas no enfrentadas antes y proporciona el combustible necesario para la resolución de problemas”.
(Joseph Zinker, El proceso creativo en la terapia gestáltica, editorial Paidós, pág. 94)
Comiencen por atrapar aquellos instantes en que les resulte difícil retirarse. ¿Qué pasa si esa noche deciden quedarse a descansar en casa en lugar de salir? ¿Y si en una reunión permanecen callados unos instantes? ¿Podrían dedicar un tiempo diario a estar inactivos? ¿Podrían apagar el celular, la computadora, la televisión?
Enfrenten las sensaciones que el retiro pueda generarles, y aprópiense de ellas. Suelen ser mensajes que abren puertas a situaciones inconclusas.
No pretendan cumplir con mandatos sociales que idealizan la actividad y menosprecian la pasividad. Cumplan tan sólo con los mandatos de sus propias necesidades y elecciones.
“Preferiría vivir una vida en que pudiese estar con otros cuando yo lo eligiera y disfrutar de mi soledad cuando me gustara. De buena gana me daría permiso para sentirme satisfecho conmigo mismo o para criticarme, en vez de magnificar aquellas partes de mi vida que están bien. Me gustaría enseñar a mis pacientes a permanecer junto a la dulzura, la frescura y la pureza de su timidez y su embarazo, y a dejar que esos estados irradien en una conciencia recién abierta. Las cualidades infantiles y la capacidad de juego son tan significativas, en el ritmo de la vida, como la serenidad adulta. Es importante para uno apreciar su confusión y permanecer en ella hasta que se hace la claridad”.
(Joseph Zinker, El proceso creativo en la terapia gestáltica, editorial Paidós, pág. 94)
Luis dijo:
noviembre 20, 2010 a 7:07 pm
Me encantó, me sentí totalmente identificado, años y años sin parar, recién ahora comienzo a parar, también a poner y ponerme límites y buscar un equilibrio que me permita disfrutar de la compañía de mi soledad y el silencio, que es muy sabio.
Patricia dijo:
noviembre 21, 2010 a 12:42 am
Es tan cierto! El silencio es sumamente rico. Necesitamos esos momentos en soledad, y parar con el frenético ritmo cotidiano.
Creo que es saludable y placentero. Sólo hay que aprender a hacerlo,