Nuevas voces
Esta vez les propongo que jueguen a ser terapeutas de sí mismos. Para eso, intentarán dilucidar la pregunta que repetidamente deben plantearse: “¿Qué me pasa?”
Si han intentado responderla desde el intelecto, razonando y teorizando, o desde la emoción, atentos a sus expresiones y sensaciones, y aún siguen perdidos, hoy les presento una nueva herramienta.
Derribando el antiguo paralelismo mente-cuerpo, hoy nos regimos por la idea de que tanto las manifestaciones físicas como las mentales son del mismo orden: manifestaciones de nuestro ser. Los gestos, posturas y actitudes suelen demostrar más auténticamente nuestro estado, que nuestros pensamientos y palabras.
Cuando estas vías de expresión permanencen bloquedas por mucho tiempo, se oxidan, y se hace necesario aprender a reutilizarlas. También es necesario mantenerlas en ejercicio constante, ya que lo que nos sucede se actualiza minuto a minuto. ¿Qué podría suceder si la no-expresión se rigidizara y fuera la única forma de funcionar? Lo que ni la mente ni las emociones expresan, queda registrado en el cuerpo.
Muchas veces inmersos en el ritmo cotidiano olvidamos reparar en lo que nos sucede, tenemos demasiadas cosas que hacer como para detenernos. En ese momento, un mensaje quedó sin leer, sin ser escuchado. El “qué me pasa” lo dí por entendido. Nuestras emociones se frenaron, se bloquearon, se taparon. El pensamiento aprovecha para distraernos con cosas por hacer, preocupaciones, planes y ocupaciones. Y es en el cuerpo donde se aloja lo pendiente. Allí, en nuestro cuerpo, el mensaje perdido llega a destino.
Y el cuerpo nos da señales de aquel mensaje. Un dolor de cabeza, una punzada en el estómago, descompostura, contracturas, insomnio, mareos, acné, picazones, caspa, disfonía.
¿Qué “carga” habré llevado a cuestas sin darme cuenta, que ahora se aloja en la contractura que sufro en mi espalda? ¿Qué me genera tanto rechazo que me broto con una reacción alérgica de ronchas y picazón? ¿Qué provocó en mí esos nervios que me retorcieron el estómago hasta sufrir una descompostura? ¿Qué me callé, que terminé sin voz, con disfonía? ¿A qué le temo, dónde me siento inestable, que se me presenta con mareos y ahogo?
Traduzcamos algunos de los mensajes que se alojan en estas molestias del cuerpo. La contractura es una señal que me advierte de la sobrecarga de tensión que estoy soportando. La disfonía puede manifiestar el bloqueo de la expresión propia, del decir. El mareo y el ahogo funcionan como señales de la sensación de inestabilidad e inseguridad que siento.Tengan siempre en cuenta que tomamos las señales como metáforas, y que ninguno de estos significados pretenden configurar un manual de traducción de síntomas. Tan sólo los utilizamos como ejemplos. En cada caso, el sentido será distinto.
Cada señal me lleva a un mensaje, cada mensaje a una necesidad. Mi necesidad de descargarme de la tensión, de hablar lo que callé, de hallar bases más seguras para no marearme.
Registren las señales de su cuerpo. Cualquiera que sea esa señal, recuerden, sólo ustedes podrán leer en ella el mensaje oculto. Porque ese mensaje habla de ustedes mismos. No tomen palabras y sentidos ajenos ni preestablecidos. Sólo ustedes son capaces de llenar de sentido sus síntomas. Eso les dará una pauta de qué les anda pasando, y qué están necesitando.
Escuchen estas nuevas voces del cuerpo. Así lo aconseja Eckhart Tolle:
“…Cuanta más conciencia trae el cuerpo, más fuerte se vuelve el sistema inmunológico. Es como si cada célula despertara y se alegrara. Al cuerpo le encanta la atención que usted le presta. (…) La mayoría de las enfermedades entran cuando usted no está presente en su cuerpo. Si el amo no está presente en la casa, todo tipo de personajes sombríos se alojarán en ella. Cuando usted habita su cuerpo, será difícil que los huéspedes indeseados entren.”
(Eckhart Tolle, , El poder del ahora. Un camino hacia la realización personal, Editorial Norma, pág. 148)