Basada en hechos reales
Esta vez me gustaría acercarles una experiencia que viven día a día, de la cual quizás no se hayan percatado aún. Hablo de la construcción de nuestra identidad, de aquel mecanismo por el cual diariamente mantenemos el sentido de ser nosotros mismos, de una misma personalidad.
No crean que construir la identidad es un proceso exclusivamente teórico, abstracto, invisible. A medida que experimentamos cada situación, la vamos catalogando. Dotamos de sentido a lo vivido. ¿Qué significó? ¿Cómo lo viví? ¿Qué sentí? ¿Junto a quienes? ¿Cómo fueron los demás conmigo?
Nuestro principal instrumento para dar sentido a estos datos es el lenguaje. Con el lenguaje traducimos nuestras experiencias en historias. Nos narramos (somos relatores) lo que vivimos, lo que eso significó para nosotros, las conclusiones extraídas, vamos armando las creencias acerca de nosotros mismos en interacción con los demás. Lo ponemos “en palabras”.
“…La experiencia que se tiene del mundo es esencialmente de naturaleza intersubjetiva. El instrumento con el que se construye la interubjetividad es el lenguaje, entendido (…) como vehículo de construcción de un mundo de significados compartidos. La explicación del mundo y de nosotros mismos posee, por eso, una estructura narrativa.”
(Antonio Semerari, Historia, teorías y técnicas de la psicoterapia cognitiva, Editorial Paidós, pág. 81)
Es nuestra historia. Y se la contamos a los demás. Y nos la contamos a nosotros mismos. Lo interesante es prestar atención a las características que como narradores le damos al protagonista (narrador y protagonista conforman aquí partes del sí mismo).
Focalicen un momento en su forma de presentarse ante los demás, de expresarse, de conversar. Allí está implícita la historia que cuentan sobre ustedes mismos. Esa es la película que se está rodando. Toda nuestra vida fuimos enhebrando relaciones con los otros, de una manera particular, propia. Cuando conversamos, nos expresamos, dejamos traslucir esa manera de relacionarnos, nos catalogamos, nos ponemos adjetivos.
Martín se define como un trabajador innato: “Desde chico me gustó trabajar y ocupar mi tiempo productivamente. Doy resultados, soluciono problemas. No pierdo tiempo en detalles, voy al grano y actúo. Soy efectivo. Saco provecho de cada situación, todo es cuestión de intereses, hasta las relaciones con los demás.”
Carola dice “Yo amo el arte, lo necesito en mi vida. Siempre fue mi canalizador, mi cable a tierra. Soy una mujer sensible, suceptible. Las cosas me afectan. Quizás porque soy demasiado vulnerable los demás se aprovechan de mí.”
“Yo siempre fui la calentona de la familia. -Vos reaccionás mal- me decían. Digo las cosas agresivamente, creo que no me salen de otra manera. A veces pienso que los otros tienen miedo de decirme algunas cosas”, cuenta Paola.
“Me encanta dormir, estar en mi casa sin hacer nada. Soy vago, nunca me gustó estudiar ni ir al colegio. Busco la forma de hacer las cosas de la manera más fácil que haya. Por eso a mucha gente le caigo mal, no encajo en algunos ámbitos.”, explica Sebastián.
¿Son estas descripciones objetivas? ¿Realidades obvias? ¿Verdades?
Seguramente para varios de nuestros ejemplos así lo sean. Día a día se cuentan esta historia, la de ellos mismos frente a los demás, frente al mundo. Una película basada en hechos reales, pero traducida a palabras. Traducida a sentidos, significados, aprendizajes. Un modo de ser construido, y, muchas veces, cristalizado. Una manera de relacionarse ejercitada, que ahora predice lo que hará y responderá el otro.
¿Puede confirmar Carola que su vulnerabilidad la convierta en victima del aprovechamiento de los demás? ¿O Paola que los otros tengan miedo al hablarle? ¿O Sebastián que no encajará en ciertos ámbitos por ser “vago”? ¿Todas las relaciones de Martín estarán b
asadas en obtener réditos?
“Efectivo”, “vulnerable”, “calentona”, “vago”. Adjetivos que estos narradores adjuntan a su protagonista. A ellos mismos en el rol de personajes casi caricaturescos. ¿Habrá posibilidad en esta película de sus vidas para actitudes, rasgos, salidos del guión?
Propongamos un cambio.
“Cuando una persona se dirige a una terapia siempre tiene una historia que contar, cuyo sentido está implícito en la estructura narrativa de la conversación. (…)”
“La psicoterapia representa, por tanto, el contexto dentro del cual el paciente puede identificar su modo especial de funcionamiento mediante la comprensión de los prototipos narrativos y puede también construir y proyectar escenarios alternativos.”
(Antonio Semerari, Historia, teorías y técnicas de la psicoterapia cognitiva, Editorial Paidós, pág. 81, 82)
Cuestionemos entonces esa identidad armada, y busquemos finales alternativos. Demos lugar a seguir construyendo nuestra historia, diversificándonos cada vez más frente a los otros. Que Martín se permita disfrutar de una relación “no productiva”, Carola reconozca su lado fuerte y seguro, Paola su lado sensible y empático, Sebastián encuentre su motivación, su deseo.
Escúchense, reconózcanse en su historia. Agreguen hojas en el libreto, pues esta obra aún se sigue escribiendo. Den vida al personaje, que sea él quien diga qué escribir al autor. Que la película de su vida tenga un final abierto.